

GINES PEREZ DE HITA, EL CERVANTES MURCIANO
Pérez de Hita, autor de talla relegado al olvido.
La tierra murciana que le vio nacer y seguramente también morir, tiene en sepultura olvidada a Ginés Pérez de Hita, historiador y literato, autodidacta del tiempo de Cervantes, autor de dos memorables obras de historia novelada agrupadas bajo el nombre de "Guerras Civiles de Granada" en cuya primera parte (publicada en 1595, diez años antes que el primer Quijote) narra atmósferas de ensueño en el final de la Granada mora y especialmente las civiles guerras entre los bandos de caballeros Zegríes y Abencerrajes, germen de la pronta caída del sultanato. Pérez de Hita era zapatero artesano y, al igual que Cervantes, fue de joven soldado y estuvo en una guerra, la de las Alpujarras (1568-1571) de tropas cristianas contra milicias de moriscos sublevados. Como Cervantes, Pérez de Hita en la cincuentena escribió una obra meritoria, la primera parte de las Guerras Civiles de Granada, un libro de caballerías donde estos caballeros no son andantes como Don Quijote o Amadís, sino cortesanos o palaciegos con sus justas, culto a sus damas, escaramuzas, refriegas, amores, luchas y un sinfín de cosas con el encanto de la última corte oriental en tierras de la cruz.
También como Cervantes, Hita triunfó con su primera obra, sobre todo en el extranjero (Francia en particular) y como le sucediera a Cervantes no mejoró ello mucho su suerte económica. Un comerciante veneciano puso los maravedíes para la publicación de su libro en Zaragoza, curioso, era este mercader un tipo tan pagado de sí y tan narcisista que suplanta al autor en el prólogo de la obra dirigiéndose a los lectores.
Pero hay más puntos en común entre Pérez de Hita y Cervantes. Cervantes murió pobre de solemnidad y tardó en ser rescatado del sepulcro del anonimato más de 130 años en que si lo fue, fue gracias a sabios extranjeros, los ingleses primero, que pusieron el ojo en la genialidad del Quijote, antes no detectada por nuestros académicos hispanos cuya pericia en evaluar a genios locales quedaba en entredicho. Fue entonces por las voces extranjeras cuando los españoles lo extraen de la fosa común donde yacía casi siglo y medio y lo canonizan pasando del olvido a la adoración ciega. Nació con esto la secta de los cervantistas, una peligrosa reunión de gente más papistas que el papa que en poco sigue o hace honor a su fundador.
La tierra murciana que le vio nacer y seguramente también morir, tiene en sepultura olvidada a Ginés Pérez de Hita, historiador y literato, autodidacta del tiempo de Cervantes, autor de dos memorables obras de historia novelada agrupadas bajo el nombre de "Guerras Civiles de Granada" en cuya primera parte (publicada en 1595, diez años antes que el primer Quijote) narra atmósferas de ensueño en el final de la Granada mora y especialmente las civiles guerras entre los bandos de caballeros Zegríes y Abencerrajes, germen de la pronta caída del sultanato. Pérez de Hita era zapatero artesano y, al igual que Cervantes, fue de joven soldado y estuvo en una guerra, la de las Alpujarras (1568-1571) de tropas cristianas contra milicias de moriscos sublevados. Como Cervantes, Pérez de Hita en la cincuentena escribió una obra meritoria, la primera parte de las Guerras Civiles de Granada, un libro de caballerías donde estos caballeros no son andantes como Don Quijote o Amadís, sino cortesanos o palaciegos con sus justas, culto a sus damas, escaramuzas, refriegas, amores, luchas y un sinfín de cosas con el encanto de la última corte oriental en tierras de la cruz.
También como Cervantes, Hita triunfó con su primera obra, sobre todo en el extranjero (Francia en particular) y como le sucediera a Cervantes no mejoró ello mucho su suerte económica. Un comerciante veneciano puso los maravedíes para la publicación de su libro en Zaragoza, curioso, era este mercader un tipo tan pagado de sí y tan narcisista que suplanta al autor en el prólogo de la obra dirigiéndose a los lectores.
Pero hay más puntos en común entre Pérez de Hita y Cervantes. Cervantes murió pobre de solemnidad y tardó en ser rescatado del sepulcro del anonimato más de 130 años en que si lo fue, fue gracias a sabios extranjeros, los ingleses primero, que pusieron el ojo en la genialidad del Quijote, antes no detectada por nuestros académicos hispanos cuya pericia en evaluar a genios locales quedaba en entredicho. Fue entonces por las voces extranjeras cuando los españoles lo extraen de la fosa común donde yacía casi siglo y medio y lo canonizan pasando del olvido a la adoración ciega. Nació con esto la secta de los cervantistas, una peligrosa reunión de gente más papistas que el papa que en poco sigue o hace honor a su fundador.
Pérez de Hita y su influencias en los Quijotes de Cervantes y de Avellaneda
A nuestro Pérez de Hita las autoridades académicas le tienen también en el nicho del olvido algún tiempo mayor que el de Cervantes. Quitemos a Menéndez Pelayo o a su mayor investigadora, la francesa Paula Blanchard-Demouge que por el 1913-1915 logró publicar de nuevo la obra culmen de este hombre, sus Guerras Civiles de Granada, que caen en la cuenta de su alto talento.
El investigador murciano Muñoz Barberán, fallecido no hace mucho, dedicó sudores y afanes y no poco tiempo sacado de su vida familiar y de su ocio, a investigar la vida y milagros de nuestro Pérez de Hita, escarbando papeles en registros y archivos por los municipios donde residió, Lorca, Cartagena, Murcia y Mula, desempolvando muchos que estaban en olvido. Muñoz Barberán sostuvo, fruto de sus años de investigaciones, y retomando la idea de otro autor anterior, que el famoso y anónimo Avellaneda, autor apócrifo del Quijote publicado en Tarragona en 1614 (un año antes del segundo Quijote de Cervantes), era nuestro paisano Pérez de Hita. Y sin duda hay coincidencias misteriosas entre el Quijote avellanado y las obras, alguna no publicadas, de Pérez de Hita.
Pero Cervantes dijo que Avellaneda era aragonés. Y Pérez de Hita era murciano. Sin embargo, el primer libro de Hita se publica en Zaragoza en 1595. ¿Conoció con ocasión de esa publicación nuestro Hita al apócrifo autor del Quijote, se hicieron amigos e intercambiaron sus obras copiando el aragonés cosas que le gustaron de las obras de Pérez de Hita que era escritor ducho en cosas de caballerías?. Nada se sabe a ciencia cierta.
En mi fuero interno albergo la convicción de que nuestro paisano Pérez de Hita, no solo escribió una obra (sus dos libros) de gran calidad histórica y literaria, sus Guerras Civiles, no solo influyó en el Quijote de Avellaneda como dijo Muñoz Barberán, sino que también tuvo su influjo en el Quijote cervantino. ¿Que pensaría Pérez de Hita cuando en 1605 comprobase que Cervantes en su primer Quijote sacaba a relucir la figura de un sabio moro (el historiador Cide Hamete Benengeli) como autor verídico y primero de la crónica original de la vida de Don Quijote, llegada en lengua árabe a sus manos en Toledo, cuando el mismo Hita en 1595, diez años antes, había publicado su "Historia de los Bandos" basar la historia en un texto escrito en árabe por el sabio "Aben Hamín"?: Hasta los nombres arabescos se parecen.
La calidad de la prosa de Pérez de Hita también guarda analogías con el castellano de uso cervantino y no le va en zaga. Hita tiene el poder de poner encanto en lo que escribe, y no solo redacta muy bien, con claridad, metiendo ingenio y arte en la tinta que escribe. Cervantes escribe inspirado en sus dos Quijotes, pero no fuera de ellos, extraño caso, sin embargo la ciencia de Hita en la escritura es homogénea en sus Guerras Civiles. La forma de titular los capítulos Hita en 1595 se parece o guarda mucha semejanza con la del primer Quijote de 1605. Sonetos hay en Hita y otros tantos en Quijote. Hasta en uno que citan ambos a Jasón de Creta hay coincidencias. Expresiones antes usadas por Hita o muy parecidas aparecen luego en el Quijote. Hita habla de un personaje granadino, el moro Tarfe. Cervantes tomará en su segundo Quijote un personaje, Don Alvaro Tarfe, de origen granadino, que primero saca Avellaneda en su Quijote apocrifo. ¿Qué pasa aquí? ¿que hay detrás de esto?. El Don Quijote real o de carne y hueso, hizo un buen amigo llamado don Alvaro Tarfe, caballero granadino descendiente de los Tarfes moros de los que hablara antes Hita, que pasó accidentalmente por la Argamasilla, el pueblo de Don Quijote y con su paso hacia Zaragoza lo sacó y empujó a ir a las justas de San Jorge, una realidad histórica conocida por Avellaneda y por Cervantes que tuvo reconocimiento en ambas obras. Pero el murciano Pérez de Hita fue el primero en mencionar al linaje de los Tarfes en su historia de Granada. Un descendiente de los Tarfes moros, caballeros palaciegos, se haría amigo de Don Quijote. Más de Hita en los Quijotes.
Cervantes pidió a su Majestad destino en las Indias Orientales antes de ser escritor del Quijote. No se lo dieron. De habérselo dado todos piensan que nos habríamos quedado sin la historia de Don Quijote que para el cervantismo es obra de ficción, en contra de lo que dice el propio Cervantes en su obra. A veces está escrito que algo tiene que ocurrir y si no ocurre de un modo sale de todos modos de otro.
A nuestro Pérez de Hita las autoridades académicas le tienen también en el nicho del olvido algún tiempo mayor que el de Cervantes. Quitemos a Menéndez Pelayo o a su mayor investigadora, la francesa Paula Blanchard-Demouge que por el 1913-1915 logró publicar de nuevo la obra culmen de este hombre, sus Guerras Civiles de Granada, que caen en la cuenta de su alto talento.
El investigador murciano Muñoz Barberán, fallecido no hace mucho, dedicó sudores y afanes y no poco tiempo sacado de su vida familiar y de su ocio, a investigar la vida y milagros de nuestro Pérez de Hita, escarbando papeles en registros y archivos por los municipios donde residió, Lorca, Cartagena, Murcia y Mula, desempolvando muchos que estaban en olvido. Muñoz Barberán sostuvo, fruto de sus años de investigaciones, y retomando la idea de otro autor anterior, que el famoso y anónimo Avellaneda, autor apócrifo del Quijote publicado en Tarragona en 1614 (un año antes del segundo Quijote de Cervantes), era nuestro paisano Pérez de Hita. Y sin duda hay coincidencias misteriosas entre el Quijote avellanado y las obras, alguna no publicadas, de Pérez de Hita.
Pero Cervantes dijo que Avellaneda era aragonés. Y Pérez de Hita era murciano. Sin embargo, el primer libro de Hita se publica en Zaragoza en 1595. ¿Conoció con ocasión de esa publicación nuestro Hita al apócrifo autor del Quijote, se hicieron amigos e intercambiaron sus obras copiando el aragonés cosas que le gustaron de las obras de Pérez de Hita que era escritor ducho en cosas de caballerías?. Nada se sabe a ciencia cierta.
En mi fuero interno albergo la convicción de que nuestro paisano Pérez de Hita, no solo escribió una obra (sus dos libros) de gran calidad histórica y literaria, sus Guerras Civiles, no solo influyó en el Quijote de Avellaneda como dijo Muñoz Barberán, sino que también tuvo su influjo en el Quijote cervantino. ¿Que pensaría Pérez de Hita cuando en 1605 comprobase que Cervantes en su primer Quijote sacaba a relucir la figura de un sabio moro (el historiador Cide Hamete Benengeli) como autor verídico y primero de la crónica original de la vida de Don Quijote, llegada en lengua árabe a sus manos en Toledo, cuando el mismo Hita en 1595, diez años antes, había publicado su "Historia de los Bandos" basar la historia en un texto escrito en árabe por el sabio "Aben Hamín"?: Hasta los nombres arabescos se parecen.
La calidad de la prosa de Pérez de Hita también guarda analogías con el castellano de uso cervantino y no le va en zaga. Hita tiene el poder de poner encanto en lo que escribe, y no solo redacta muy bien, con claridad, metiendo ingenio y arte en la tinta que escribe. Cervantes escribe inspirado en sus dos Quijotes, pero no fuera de ellos, extraño caso, sin embargo la ciencia de Hita en la escritura es homogénea en sus Guerras Civiles. La forma de titular los capítulos Hita en 1595 se parece o guarda mucha semejanza con la del primer Quijote de 1605. Sonetos hay en Hita y otros tantos en Quijote. Hasta en uno que citan ambos a Jasón de Creta hay coincidencias. Expresiones antes usadas por Hita o muy parecidas aparecen luego en el Quijote. Hita habla de un personaje granadino, el moro Tarfe. Cervantes tomará en su segundo Quijote un personaje, Don Alvaro Tarfe, de origen granadino, que primero saca Avellaneda en su Quijote apocrifo. ¿Qué pasa aquí? ¿que hay detrás de esto?. El Don Quijote real o de carne y hueso, hizo un buen amigo llamado don Alvaro Tarfe, caballero granadino descendiente de los Tarfes moros de los que hablara antes Hita, que pasó accidentalmente por la Argamasilla, el pueblo de Don Quijote y con su paso hacia Zaragoza lo sacó y empujó a ir a las justas de San Jorge, una realidad histórica conocida por Avellaneda y por Cervantes que tuvo reconocimiento en ambas obras. Pero el murciano Pérez de Hita fue el primero en mencionar al linaje de los Tarfes en su historia de Granada. Un descendiente de los Tarfes moros, caballeros palaciegos, se haría amigo de Don Quijote. Más de Hita en los Quijotes.
Cervantes pidió a su Majestad destino en las Indias Orientales antes de ser escritor del Quijote. No se lo dieron. De habérselo dado todos piensan que nos habríamos quedado sin la historia de Don Quijote que para el cervantismo es obra de ficción, en contra de lo que dice el propio Cervantes en su obra. A veces está escrito que algo tiene que ocurrir y si no ocurre de un modo sale de todos modos de otro.
Los historiadores de Don Quijote
El Don Quijote real fue curiosísimo personaje que triunfó en fama y de inmediato. Le salieron cronistas variopintos y un montón de papeles esturreados por los archivos de la Mancha contaban detalles de la vida y milagros ese singular manchego, mencionado en La Picara Justina y en carta de Lope de Vega, ya en 1604, el año anterior al primer Quijote cervantino. Esos papeles crónicas del caballero andante fueron a la mano de Cervantes y de ahí salió se fortaleció su intento de escribir y complementar la historia de tan increíble personaje, idea engendrada estando preso en Sevilla. El primer Quijote es una obra histórica sacada en sustancia de papeles y de conversaciones con el cura de la Argamasilla, buen amigo de Cervantes. El segundo Quijote ya es ficción cervantina.
El Don Quijote real fue curiosísimo personaje que triunfó en fama y de inmediato. Le salieron cronistas variopintos y un montón de papeles esturreados por los archivos de la Mancha contaban detalles de la vida y milagros ese singular manchego, mencionado en La Picara Justina y en carta de Lope de Vega, ya en 1604, el año anterior al primer Quijote cervantino. Esos papeles crónicas del caballero andante fueron a la mano de Cervantes y de ahí salió se fortaleció su intento de escribir y complementar la historia de tan increíble personaje, idea engendrada estando preso en Sevilla. El primer Quijote es una obra histórica sacada en sustancia de papeles y de conversaciones con el cura de la Argamasilla, buen amigo de Cervantes. El segundo Quijote ya es ficción cervantina.
Si Cervantes no hubiera escrito la historia de Don Quijote
Pues volviendo a Hita, yo presiento que sin Cervantes esos papeles no habrían caído en olvido y ellos mismos, pues a veces los papeles tienen su cierta voluntad y efecto, habrían atraído a otro escritor de buena pluma y pasión por la verdad histórica. Como era Pérez de Hita. Otra hipótesis de ficción, si el Quijote de Avellaneda lo hubiera escrito todo él Hita por su cuenta y riesgo, de pe a pa, auxiliado el hombre como estaba, al igual que Cervantes, por las musas, digo o aventuro que otro gallo hubiera cantado, porque el segundo autor puede ser que iguale si no es que supere al autor primero. Pérez de Hita, el Cervantes murciano yace injustamente colocado en la fosa común de lo insignificante. Vayan por él estas alegaciones en su defensa ante el venidero tribunal de la historia que nos ha de juzgar y que, a lo que parece, tiene señalado día para el inicio de sus definitivas sesiones del llamado juicio final.

Estupendo trabajo y tan bien contado que sería recomendable que el autor perseverara en el arte de darle a la pluma.
ResponderEliminarCualquier día de éstos, algún académico ilustre se encontrará sin nada con lo que seguir convenciendo de su ilustración y sacará del olvido a D. Ginés que pasará a formar parte del estudio obligatorio en los colegios. Un abrazo.